Hola,
disculpad mi tardía incorporación, que por otro lado espero que no sea demasiado distorsionadora. De entrada quiero daros las gracias por invitarme a participar en este seminario, lo que a pesar de las muchas dificultades no he querido dejarlo pasar, y felicitaros también por esta iniciativa y por el trabajo que estáis realizando y al mismo tiempo propiciando.
Por lo que hace a mis comentarios, que se harán desde una cierta perificidad, pues como bien sabéis soy bastante profano tanto en estudios de género como de servicios sociales, me gustaría apuntar lo primero de todo que, al leer el texto que presenta la investigación, y que está dando pié a este debate, he echado en falta una descripción más detallada de las cuestiones metodológicas. Estoy convencido de que una mayor insistencia en el proceso de investigación, en los avatares que está teniendo, así como en las apuestas y las herramientas que se han elaborado (se podría haber anexado el listado con los centros en los que se ha realizado la investigación, los perfiles de las personas entrevistadas, el guión de las entrevistas y de la observación, etc.) nos hubiera permitido comprender mejor qué es lo que efectivamente se está haciendo. Además, esto hubiera permitido valorizar los aportes metodológicos que dicha investigación presenta; lo que no es un asunto menor, y más en un contexto en el que normalmente la llamada "cocina" de la investigación se suele silenciar, ocultándose así aquello que efectivamente nos permite comprender los límites y alcances de la investigación, permitiéndonos eludir el fetichismo del producto.
En segundo lugar quisiera llamar la atención sobre el hecho de que la investigación, y en gran medida el debate, se focalice especialmente en dos aspectos de la cuestión que pretende estudiar, dejando, desde mi punto de vista, un poco de lado el tercero de ellos. Quizás debido a lo que podemos llamar un efecto de teórica, que en este caso se identifica con la perspectiva de género y podríamos decir que también poscolonial, el estudio se centra en lo relativo a las mujeres inmigrantes y las relaciones con y en los servicios sociales, quedando mucho menos explorado lo que tiene que ver con lo laboral, con el trabajo. En este sentido, me parece que para poder profundizar en esa articulación entre género, estado de bienestar y trabajo que la investigación pretende abarcar, tendría que indagarse mucho más sobre las distintas significaciones y centralidades que tiene el trabajo en los diferentes actores, organizaciones y servicios. Dicho de otro modo, me parece que la cuestión del trabajo, y de la "formación" para éste, no puede quedarse en lo relativo al mercado de trabajo y a las dinámicas y discriminaciones que en él acaecen.
En este mismo plano, y con respecto a los actuales desplazamientos humanos y a las consecuencias que el nuevo orden mundial tiene en la cotidianidad y las trayectorias vitales de las mujeres que migran, creo que se insiste muy acertadamente en una serie de procesos que (como las leyes de extranjería, los procesos de exclusión social, la violencia social, la discriminación y el prejuicio, la falta de recursos, las mafias, etc.) son del todo ineludibles pero que, dado que suelen estar connotadas negativamente y que constituyen la cara más esclarecida del fenómeno, me preguntaba: ¿no marcan así también la cotidianidad y las trayectorias y condiciones migratorias otros procesos y experiencias que podríamos calificar de "sombrías" y ello a pesar de que suelen estar connotadas positivamente, pero a las que no se suele abiertamente aludir? ¿No se dan procesos de ayuda y de solidaridad, no hay mecanismos de intermediación e incluso proyectos de emancipación que también las marcan y que entran en competencia con aquellas primeras? Por otro lado, ¿no se dan asimismo procesos de individualización, de estetización o de massmediatización, como pasa con muchos otros fenómenos sociales en nuestros días? ¿Qué ambivalencias presenta la propia existencia y puesta en obra de los servicios sociales, en contextos de reconversión e incluso de mercantilización y de neoburocratización? Insistir sólo en esos procesos de extranjerización, de exclusión y de explotación que indudablemente participan de manera protagonística en la producción social de la inmigración ¿no singulariza a un determinado agrupamiento social, y lo recluye en una irreductible particularidad, pues no hablamos ni asociamos a las migrantes con otros procesos que nos afectan a tod@s de manera transversal -aunque ello sea en efecto de manera múltiplemente diferenciada?
Otra cuestión, todavía más puntual si cabe, está relacionada con la afirmación de que el fenómeno de la "inmigración" entró en las agendas políticas de los países industrializados a partir del periodo de descolonización. Esta breve alusión, que aparece además entre guiones, me hizo pensar si no nos sitúa ante otro efecto teórico que llevaría a eludir el denso entramado sociohistórico en que irrumpe la "inmigración" (habría que añadir tal y como la concebimos hoy en día) y que, como muy bien muestra Abdelmalek Sayad y otros autor@s, acaece en Europa a principios de los años 70, en estrechísima relación con lo que se conoció inicialmente como "crisis del petróleo". En este momento, en los países industrializados europeos, muy a menudo descritos también como "sociedades (capitalistas) avanzadas", la movilización y reclutamiento de personas que eran tratadas como provisorios pero necesarios "trabajadores extranjeros" deviene, en el marco de las a partir de ese momento denominadas "políticas de inmigración cero", "inmigración", haciendo de la presencia de esas mismas personas ahora categorizadas como "inmigrantes" un "problema social", que además se presenta estrechamente asociado a otros "problemas sociales". De hecho, ese momento, hoy en día eclipsado por algunos acontecimientos más recientes y espectaculares, sigue siendo desde mi punto de vista clave para entender muchos de los fenómenos sociales contemporáneos.
Por lo que hace al análisis de los servicios de formación laboral (en el que se decide indagar la accesibilidad, la satisfacción y las características de las intervenciones), creo que le hubiera dado un mayor grado de comprensión si se hubiera abordado o si se hubiera siquiera esbozado la sociogénesis y la evolución de dichos servicios. De este modo hubiera dificultado su posible naturalización así como la de las categorías a los que estos recurren, como pudieran ser las de "usuarias" y "técnicas"; que en el texto aparecen invariablemente sin comillas, a excepción de unas aisladas "usuarias" en las conclusiones, corriéndose así el riesgo de que con ellas se nos cuelen sus lógicas y definiciones de la realidad y de los actores que en ellos participan.
Así mismo, por lo que hace a la accesibilidad, una cuestión que puede dar luz en este tipo de estudios es no quedarse en ella e indagar también el fenómeno de la permanencia (esto es, de quienes permanecen y quienes no, de los motivos y circunstancias que las llevan a hacerlo,...), pues en un orden social en el que la igualdad de oportunidades constituye unos de sus principales pivotes de legitimación, nos solemos dar por satisfechos con saber que la gente accede a un determinado ámbito, considerando implícitamente como no significativo el que una vez allí decidan o se vean impelidos a hacer determinadas trayectorias e incluso a marchar.
Aunque, estos comentarios se están alargando demasiado, no quiero dejar de formular una última pregunta, pues es una de las dudas que, quizás por mi ignorancia en estas materias, me han quedado, y que es la siguiente: ¿qué se quiere decir con la expresión "función amortiguadora" de los servicios sociales, y en concreto de la formación laboral? En este punto he de recordar que a lo largo del texto se insiste tres veces, y además de manera casi idéntica, en el uso de dicha expresión y en ninguna de esas veces se aclara o se especifica en qué consiste la susodicha "amortiguación".
Un abrazo,
Enrique